Después de ver, en el gráfico adjunto, una estadística de la mayoría de las confesiones religiosas existentes en nuestro mundo y de los practicantes de cada una incluidos los agnósticos y ateos, pienso que, dentro de ese gráfico están comprendidos casi todos los habitantes (humanos, por expresarlo de alguna forma) de nuestro planeta.
A mí, contemplando el mundo, me surge una pregunta rápida: ¿De qué sirven las religiones?
Todas y cada una de ellas, al margen de las deidades a las que adoren, predican el amor al prójimo como base de sustentación de las mismas…
¿La práctica real de estas religiones, al margen de la existencia de los dioses que todas ellas defienden como el auténtico, no haría de este mundo un mundo en paz, justo, solidario, equitativo?
¿Es así nuestro mundo?
Vuelvo a hacerme la misma pregunta y sólo encuentro una respuesta
Creo que vivimos en un mundo que está en guerra permanente. Hay guerras oficiales, históricas como la de Israel y Palestina, guerras potenciadas con la absurda excusa de “conservar la paz”; guerras entre razas, entre etnias, guerras religiosas, entre “hermanos”, de tipo laboral, entre “amigos”, guerras encubiertas, subterráneas … Todas ellas, creo yo, con el único fin de ostentar, perseguir, conquistar el poder en los diferentes ámbitos para exaltación de egos personales o colectivos, porque la ambición desmedida, sin control, no es más que eso…
Este tipo de actitudes, se refleja claramente en lo cotidiano, ya que por parte de todos los medios de poder, se vierten conceptos competitivos en el peor sentido del término: La guerra por parecer mejor, por ser más moderno, más guapo, por tener más, ser mejor considerado familiar o socialmente y raramente, por ejemplo, a través de los medios de comunicación nos llegan mensajes diferenciando el ser del tener y hasta las confesiones religiosas que predican el altruismo, el amor al prójimo, la generosidad y otros valores muestran, en la práctica, su adhesión a lo establecido o al sistema.
Hay guerras subterráneas dentro de un mundo espiritual, muy en boga, mal llamado de crecimiento, que de espiritual tiene poco y de crecimiento menos, puesto que, afortunadamente no en todos los casos, se compone de teorías que no se reflejan en la vida cotidiana porque de lo contrario el mundo no estaría como está. Guerras por ser (parecer) el más generoso, el más desinteresado: el más de lo más, y para ello se emplean las técnicas más descabelladas, absurdas, inmaduras e infantiles, las más despiadadas; todo ello, eso sí, encubierto de un raro sentido de la justicia, de defensa de derechos que, ateniéndose a lo que se consigue globalmente, ni se sabe cuáles son; al fin, teorías y más teorías, pero que desembocarían en hipotéticos resultados que, según va pasando el tiempo cada vez tardan más en producirse o no llegan nunca.
Y las costumbres se van relajando, permitiendo cosas antes inaceptables con la excusa de una evolución que no mejora lo pasado, ignorando que somos referentes para los que vienen detrás y que se van imponiendo y dando por buenas actitudes que en el fondo cualquier doctrina política, social o religiosa rechazaría por principio en su ideario.
Sí, cada cual elije su mundo, su energía, se mueve por donde quiere moverse (¿?), pero hay demasiadas actitudes institucionalizadas, demasiada mentira encubierta y disfrazada, y sin querer jamás ofender ni personalizar, sin querer que nadie se sienta aludido porque en lo que me estoy basando es en lo que yo percibo, hay dentro de mi una parte, que no me atrevería a calificar como conciencia por miedo a engrosar las filas del sinsentido y el despropósito, que se niega a aceptar muchas de las imposiciones que se califican como libertades…
Y al fin, lo que me va quedando, es la súplica interior, el procurar en la práctica luchar por que desaparezca de mi vida todo aquello que pretenda otra cosa que no sea dar un paseo por la existencia de manera amable, pacífica, haciendo lo posible por conseguir de este mundo un lugar mejor, más agradable, más justo, más equitativo, más bello en la medida que nos sea posible, sin grandes gestas ni actitudes heroicas, sólo formando parte de esa mayoría (que me temo que cada vez lo es menos) más o menos silenciosa, pero a ser posible consciente más allá de lo que se puede percibir, y de esta forma, como decía, sin actitudes que puedan pasar más que a la propia historia a ser posible desconocida en lo externo, poder llegar hasta donde lleguemos.
Eso es lo único que pretendo y desde luego, vivir mi propia vida, que tan propia es, como la de cada cual, y para mí sagrada, y viviendo sólo por vivir como yo entiendo, ocupar mi espacio y dejar lugar para todos, sin invadir, aunque sin levantar fronteras, bueno sí…
Con una única e inamovible premisa, la del respeto propio y ajeno
Hoy, limpiando una estantería en la casa de mi madre, tomé en mis manos un libro que no veía hace muchos años; al abrirlo encontré entre sus páginas un papel doblado con un decálogo que a continuación transcribo. Me hizo sonreír y hasta acudieron unas emocionadas lagrimitas a mis ojos...
Lo escribí hace cuarenta años
"Me aburren aquellos que en lugar de opinar decretan, me aburren las frases hechas, las muletillas, el lenguaje complicado, los gestos copiados, las frases grandilocuentes.
Me aburre J. Ángel cuando me dice como cargado de razón ¿Y bien? Y cuando le pregunto que “y bien qué”, me suelta eso de: Cuéntame algo… Pero… ¡Si fuiste tú quien me pediste una cita!
Me aburre tener que hablar porque quien me acompaña (J. A.) no soporte el silencio
Me aburren los que hacen suyas frases y pensamientos que no lo son, sobre todo si fui yo quien se los descubrió
Me aburre lo que entienden casi todos por libertad
Me aburren, me cabrean, me sacan de quicio, todos los que caminan bajo palio visible o invisible…
Me aburren los que me miran las tetas antes de saber cómo son mis ojos y conocer el timbre de mi voz
Me aburren los curas.
Me aburren horriblemente las monjas del cole con sus primeros viernes de mes y las mentiras que no se creen ni ellas mismas.
Me aburre (muchísimo) lo que mis padres esperan de mí."
En fin... jajajaaa. Después de cuarenta años, me siguen aburriendo algunas de estas cosas, aunque otras eran sólo producto de la edad.
Hoy es un día, para mí, de agradecimiento a la vida por circunstancias que al ser personales, más concretamente, familiares, no vendría al caso especificar en este espacio, pero sí dar cuenta del sabor o el sentimiento que estas circunstancias han dejado en mí después de pasar por situaciones que, por la gravedad o la profundidad de las mismas, ponen a prueba todos los valores, creencias, actitudes y algunos niveles personales que no se detectan en lo cotidiano, cuando todo parece que sigue un curso conocido.
Por todo lo puntualmente vivido, agradezco enormemente a la vida las arrugas que surcan mi rostro, que son inversamente proporcionales a otros valores internos y también a lo que la situación experimentada requería de mí en todos los aspectos de la misma.
Cuando una circunstancia excepcional requiere toda nuestra atención, como decía, es cuando se pone a prueba lo que somos, lo que nos sustenta, se miden nuestras fuerzas, nuestros valores, nuestra resistencia, y al concluir la misma, casi sin darnos cuenta, hacemos un balance reparador para volver a situarnos, por decirlo de alguna manera, en la normalidad.
Este balance, sin entrar en detalles, me ha conducido a darme cuenta de que no me cambio por nada ni por nadie y no restaría no ya un año sino un solo segundo, ni como decía ni una de las arrugas que surcan mi rostro para convertirme en alguien diferente a lo que soy, precisamente porque la vida me ha conducido hasta el punto en el que me encuentro.
Por lo tanto, queridas arrugas, no os olvidéis de seguir apareciendo (dulcemente, a ser posible) a medida que mi caminar lo requiera.
Mi mundo es cambiante, diferente cada día, aunque procuro que no se me escape de las manos y para ello, cada mañana al despertar, dibujo, más bien hago un boceto del mundo en el que deseo vivir, claro, con una "plantilla predeterminada" producto de mi experiencia, ya que no quiero prescindir de ciertos elementos porque yo mismo dejaría de existir y en ese terreno nunca me he movido porque mi mundo ya no sería mi mundo sino un mundo cualquiera, y a mí no me gustaría moverme en un mundo cualquiera, producto de otras voluntades.
Bien, pues, dejando a un lado los elementos fijos que no voy a enumerar porque cada cual tiene los suyos, los que ha elegido antes del antes, para conformar su realidad y que, dentro de una serie de variantes son iguales y a la vez diferentes, constituyendo, junto con la experiencia, el "decorado" particular en el que después girará la historia de cada cual; la mía, aunque comience y finalice en el transcurrir de un solo día, que eso también forma parte de la propia elección, me resulta muy interesante, aunque no siempre lo haya sido, pues (mal) viví una gran parte de mi camino pensando que no podía hacer más que esperar que los acontecimientos que yo suponía que deberían llegar, llegaran, cosa que raramente ocurría, para así poder decidir el paso siguiente, con lo cual estuve todo ese tiempo enfadado con el destino y siendo un actor secundario, casi diluido en el decorado, en lugar del protagonista, guionista y responsable de mi historia.
Un día, hacia los treinta, me di cuenta de que la vida que había llevado hasta ese momento, había sido diseñada por otros y no me gustó esa idea, así que empecé a investigar recorriendo mundo, pero no un mundo cualquiera, que en aquel ya me encontraba, sino mi propio mundo, hasta entonces desconocido, aquel al que sólo uno mismo puede acceder.
Después de un periodo de análisis que no podría cifrar en el tiempo, supe que si bien hay, como decía, una serie de elementos fijos en los que podía establecer variables, hay otros que forman parte de la voluntad, la creatividad, el deseo, y con esos elementos variables y los propios basados en la experiencia personal, establecí el principio del "ser-yo-el-autor-realizador-guionista-productor" , así que llevo ya más de dos décadas escribiendo mis guiones, o mejor, decidiendo lo que quiero hacer, eso sí, siempre abierto a la intervención de otros que también forman parte de mi historia y además, casi siempre con algunos proyectos de los que no puedo hablar porque entran dentro de lo que considero lo personal e intransferible, ámbito de lo más importante, como todos sabéis por experiencia propia.
Reconozco que a veces se cuelan “gazapos”, que esos al moverse en "mundos cualesquiera", llegan a los ajenos intentando cambiar, criticar o destruir aquello que temen o no comprenden, pero no los elimino sino que procuro encajarlos en el apartado de la experiencia porque nada es despreciable, (y menos los gazapos, que andan toda la existencia despistados de un lugar para otro, aunque un día escribiré sobre ellos, porque los hay de varias clases y algunos muy dañinos) en este trabajo si lo que se pretende es VIVIR….
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