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lunes, 28 de septiembre de 2009

Herencias


Nunca como ahora, y tengo ya unos años, he sido testigo de tanta queja, tanta insatisfacción, tanta ambición absurda, tanta vacuidad en los valores individuales y sociales, y nunca como ahora, a pesar de la tan traída y llevada crisis, se ha disfrutado (¿?) de tantas cosas superfluas…

No voy a afirmar que todo está bien ni tampoco puedo olvidar a aquellos que carecen hasta de lo más básico frente a los que en el mundo “desarrollado” nadamos en la abundancia más escandalosa. Aún así, creo que la vida, contemplada de manera objetiva, es una experiencia tremendamente bella, enriquecedora, llena de posibilidades, de libertad para hacer de nuestro paso por este mundo algo que tenga sentido aunque sólo sea para nosotros mismos. Por esto, me parece absurdo medir la felicidad, el éxito o el fracaso a través de logros materiales.

Cuando llega el momento, por poner un ejemplo del que todos participaremos antes o después, de tener que despedir a alguien querido, en medio del dolor que esto causa, por el inevitable vacío que se produce en el corazón de quien lo ama, es cuando se es consciente de que todo lo que se pueda poseer, no aminora en lo más mínimo el dolor que se pueda sentir o que aquello que el que se marcha poseyera a nivel material, que en ocasiones ha sido acumulado a través del esfuerzo de toda su vida, es lo único que no puede llevarse al otro mundo, sin embargo, si aquel de quien nos despedimos deja un legado de amor tras de sí, en todas sus vertientes, sabemos que partirá acompañado de la paz y la felicidad que esto proporciona y que dejará a los suyos una estela de dulzura que nunca olvidarán.

Ésta y no otra es la herencia que deseo dejar a los míos…

jueves, 24 de septiembre de 2009

Tus ojos...


Cuando era niña decían que para tener hijos había que casarse y encargarlos a Paris, y de allí, en una fábrica de bebés, los elegía la cigüeña encargada de todo aquello para llevarlos a su destino, no sin antes procurar que el bebé se pareciera a sus padres.

Aunque fuera una historia absurda basada en esa vertiente pecaminosa que tenía la sexualidad en la cultura judeo cristiana, a mí me hacía una ilusión tremenda levantar la vista al cielo y ver volando una cigüeña porque pensaba que un bebé iba a llegar a cualquier hogar donde lo esperaban con ilusión y me planteaba cuántos encargaría yo cuando fuera mayor…

A ti no te encargué, viniste por decisión propia, y creo que eres de lo mejor que me ha pasado en la vida; nunca imaginé que un hijo pudiera enseñar tanto hasta sin mediar la palabra.

Y es que, desde que te miré a los ojos, nada más nacer, porque eso es lo que más llamó la atención de ti cuando llegaste a este mundo, supe que tú y yo íbamos a entendernos, con sólo mirarnos.

Así que, esta vez pasé de todos los consejos de “no cojas en brazos a la niña porque luego no quiere estar en la cuna” o “sólo dale de comer cada cuatro horas porque si no, te tiene todo el día atada y se convertirá en una tirana”. ¡Qué tontería! yo nunca he creído que un bebé sea un tirano; es simplemente un ser desvalido, desconcertado y asustado por lo que supone pasar de estar en un lugar perfecto, acogedor, seguro, como es el seno materno, a todo el guirigay de este mundo en que vivimos y necesita amor para poder seguir adelante.

Cuando llorabas te tomaba en mis brazos y te acunaba cantándote muy bajito, para no asustarte, y si tenías hambre, a cualquier hora, te acercaba a mi pecho y te dejaba ahí mientras acariciaba tu cabecita; tú me mirabas fijamente con esos ojos negros bordados de pestañas, y, al rato, te quedabas plácidamente dormida y yo te contemplaba durante horas hasta que volvías a llamarme… Si no podías dormir, te tumbaba boca abajo sobre mí de forma que tu cabecita descansara en mi pecho y pudieras oír mis latidos; tomaba uno de tus pequeños pies en mi mano para darte un masaje suavecito en esa zona que me habían contado que favorecía la calma y entonces sonreías con cara de felicidad.

A veces venía a mi memoria el cuento de la cigüeña y yo misma sonreía, ya que la belleza de la realidad no puede compararse con ningún cuento.

Pero a ti no te trajo la cigüeña, viniste porque quisiste, porque alguien te dijo que yo siempre te había esperado

Aún hoy, que ya eres adulta y que cada cual hacemos nuestra vida, tus ojos siguen hablándome sin palabras.

(P.D. jajajaaa: Vale, admito que puede existir algo de eso que llaman “pasión de madre”)

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Redes


Hace poco recibí una invitación a una nueva red social, un “lugar” que en principio se mueve por el bien común, donde se intercambian de manera, más o menos altruista, las cosas más insospechadas, y no sólo objetos como podría ser un rascador para gatos o una vajilla completa, sino, por ejemplo, masajes terapéuticos, reiki, compañía para quien se encuentre solo o conversaciones en otros idiomas, recetas o clases de cocina… Todo a cambio, únicamente de tiempo; tiempo como “moneda” para disfrutar de cualquiera de las cosas que allí se ofrecen.

Me llamó la atención y hasta me gustó el concepto por el que se mueve dicha red, sin embargo, en cuanto la palabra “red” aparece en el panorama, una servidora se pone en posición defensiva… Sí, de acuerdo, Internet es una red y aquí estoy y en ella realizo gran parte de mi trabajo, pero estas otras, y hablo de las más conocidas en las que se mueve todo el mundo, en las que parece que si no estás, no existes o eres una cacatúa o una remilgada, hacen que suenen mil señales de alarma en mi interior…

En resumen, que prefiero no existir a que me empujen y me observen por todos lados o que tengan acceso a una foto que yo haya puesto en lo que creo que es sólo mi espacio y el de mis invitados y ésta pueda ser utilizada bien o mal pero sin saber yo por donde y con quien anda, por no hablar de que los datos que incluyas al inscribirte, permanecen siempre allí aunque te des de baja, aunque los mismos sean ficticios, pero no todos toman esta precaución, que por otra parte no resulta ser tal, puesto que en las conversaciones que mantengas, siempre se vierte algún detalle de tu vida real a disposición de cualquiera que pueda entrar, y más si ese cualquiera, tiene alguna intención no del todo transparente.

Eso sí, con todos mis respetos para los que disfruten de dichas redes…

domingo, 20 de septiembre de 2009

Algunos de los principios que me impulsan en el camino


No hables de quien no está presente, pero si has de hacerlo, olvida su nombre


Cuando pierdas, olvida la derrota y guarda la lección.


Olvídate de tus enemigos, después de haberte puesto en su lugar, y dejarán de existir.

Recuerda con respeto y agradecimiento a quien te hizo bien.


Honra siempre a tus mayores; sin ellos no existirías...

martes, 15 de septiembre de 2009

Independencia


La más alta cualidad de un ser realizado consisten en ser independiente de la buena o mala opinión de los demás. (Abraham Maslow)

La libertad es, precisamente, la firmeza para construir de manera independiente, el propio camino.

Tanto el principio como el fin del mismo residen en lo más profundo del alma.