
Nunca como ahora, y tengo ya unos años, he sido testigo de tanta queja, tanta insatisfacción, tanta ambición absurda, tanta vacuidad en los valores individuales y sociales, y nunca como ahora, a pesar de la tan traída y llevada crisis, se ha disfrutado (¿?) de tantas cosas superfluas…
No voy a afirmar que todo está bien ni tampoco puedo olvidar a aquellos que carecen hasta de lo más básico frente a los que en el mundo “desarrollado” nadamos en la abundancia más escandalosa. Aún así, creo que la vida, contemplada de manera objetiva, es una experiencia tremendamente bella, enriquecedora, llena de posibilidades, de libertad para hacer de nuestro paso por este mundo algo que tenga sentido aunque sólo sea para nosotros mismos. Por esto, me parece absurdo medir la felicidad, el éxito o el fracaso a través de logros materiales.
Cuando llega el momento, por poner un ejemplo del que todos participaremos antes o después, de tener que despedir a alguien querido, en medio del dolor que esto causa, por el inevitable vacío que se produce en el corazón de quien lo ama, es cuando se es consciente de que todo lo que se pueda poseer, no aminora en lo más mínimo el dolor que se pueda sentir o que aquello que el que se marcha poseyera a nivel material, que en ocasiones ha sido acumulado a través del esfuerzo de toda su vida, es lo único que no puede llevarse al otro mundo, sin embargo, si aquel de quien nos despedimos deja un legado de amor tras de sí, en todas sus vertientes, sabemos que partirá acompañado de la paz y la felicidad que esto proporciona y que dejará a los suyos una estela de dulzura que nunca olvidarán.
Ésta y no otra es la herencia que deseo dejar a los míos…
No voy a afirmar que todo está bien ni tampoco puedo olvidar a aquellos que carecen hasta de lo más básico frente a los que en el mundo “desarrollado” nadamos en la abundancia más escandalosa. Aún así, creo que la vida, contemplada de manera objetiva, es una experiencia tremendamente bella, enriquecedora, llena de posibilidades, de libertad para hacer de nuestro paso por este mundo algo que tenga sentido aunque sólo sea para nosotros mismos. Por esto, me parece absurdo medir la felicidad, el éxito o el fracaso a través de logros materiales.
Cuando llega el momento, por poner un ejemplo del que todos participaremos antes o después, de tener que despedir a alguien querido, en medio del dolor que esto causa, por el inevitable vacío que se produce en el corazón de quien lo ama, es cuando se es consciente de que todo lo que se pueda poseer, no aminora en lo más mínimo el dolor que se pueda sentir o que aquello que el que se marcha poseyera a nivel material, que en ocasiones ha sido acumulado a través del esfuerzo de toda su vida, es lo único que no puede llevarse al otro mundo, sin embargo, si aquel de quien nos despedimos deja un legado de amor tras de sí, en todas sus vertientes, sabemos que partirá acompañado de la paz y la felicidad que esto proporciona y que dejará a los suyos una estela de dulzura que nunca olvidarán.
Ésta y no otra es la herencia que deseo dejar a los míos…




