
¿Por qué consideramos que pasamos malas épocas o periodos negativos de nuestra vida cuando las cosas no salen como nosotros, mentalmente nos proponemos o proyectamos?
Suele pensarse que todo va bien cuando en nuestra vida no existe lo que calificamos de situaciones adversas, problemas, contratiempos, circunstancias que nos alteren anímica o emocionalmente… Así que, si esto último ocurre, nos encomendamos (según las creencias de cada cual) a la fortuna, al santo de turno o a esa energía que nos tranquiliza poniendo como premisa que la solución ha de ser X… Para conseguirlo, algunos rezan, otros ponen toda su fuerza mental en lo que desean conseguir y muy pocos, esto suele aprenderse a base de tropezones, desean que ocurra lo mejor para el propio desarrollo o aprendizaje, dejando en manos del destino la solución y prestando atención a lo que va ocurriendo, a como se desarrollan los hechos y reconociendo que no siempre la solución pasa por que todo se facilite de forma que no haya que sufrir ni que esforzarse o que desaparezca aquello que nos está alterando.
Apoyando esta "ley del mínimo esfuerzo o de la tontería borreguil", se han puesto muy de moda esas técnicas que prometen que a través de su práctica se consigue todo cuanto se desee, bien sea abundancia material, amor, trabajo, salud y que Fulanito, el inventor de turno de dicha técnica comprobó en sus propias carnes, consiguiendo el oro y el moro… Y repito la misma pregunta ¿Por qué todas estas u otras tantas “bendiciones” han de producirse en el momento que a nosotros nos convenga? No está mal el deseo de la felicidad, de hecho es recomendable buscarla y mantener una actitud abierta y positiva, pero el pretender que lo mejor que pueda ocurrirnos sólo abarque el mundo de lo que se considera (“ahora sí- ahora no, ahora sí- ahora no”…) “positivo” que nos llegará a través de esos deseos mantenidos o súplicas repetitivas, es mucho suponer…
Puede que en determinados momentos, no sea lo que más conviene puesto que venimos a este mundo para aprender y hay diferentes formas de hacerlo y una de ellas es llegar a valorar lo que tenemos o lo que perdemos si no somos capaces de hacerlo.
Así que, si de verdad queremos vivir una experiencia real porque sea la que nos corresponda y poder gozar de una vida plena…
¡Carta blanca al destino!
Suele pensarse que todo va bien cuando en nuestra vida no existe lo que calificamos de situaciones adversas, problemas, contratiempos, circunstancias que nos alteren anímica o emocionalmente… Así que, si esto último ocurre, nos encomendamos (según las creencias de cada cual) a la fortuna, al santo de turno o a esa energía que nos tranquiliza poniendo como premisa que la solución ha de ser X… Para conseguirlo, algunos rezan, otros ponen toda su fuerza mental en lo que desean conseguir y muy pocos, esto suele aprenderse a base de tropezones, desean que ocurra lo mejor para el propio desarrollo o aprendizaje, dejando en manos del destino la solución y prestando atención a lo que va ocurriendo, a como se desarrollan los hechos y reconociendo que no siempre la solución pasa por que todo se facilite de forma que no haya que sufrir ni que esforzarse o que desaparezca aquello que nos está alterando.
Apoyando esta "ley del mínimo esfuerzo o de la tontería borreguil", se han puesto muy de moda esas técnicas que prometen que a través de su práctica se consigue todo cuanto se desee, bien sea abundancia material, amor, trabajo, salud y que Fulanito, el inventor de turno de dicha técnica comprobó en sus propias carnes, consiguiendo el oro y el moro… Y repito la misma pregunta ¿Por qué todas estas u otras tantas “bendiciones” han de producirse en el momento que a nosotros nos convenga? No está mal el deseo de la felicidad, de hecho es recomendable buscarla y mantener una actitud abierta y positiva, pero el pretender que lo mejor que pueda ocurrirnos sólo abarque el mundo de lo que se considera (“ahora sí- ahora no, ahora sí- ahora no”…) “positivo” que nos llegará a través de esos deseos mantenidos o súplicas repetitivas, es mucho suponer…
Puede que en determinados momentos, no sea lo que más conviene puesto que venimos a este mundo para aprender y hay diferentes formas de hacerlo y una de ellas es llegar a valorar lo que tenemos o lo que perdemos si no somos capaces de hacerlo.
Así que, si de verdad queremos vivir una experiencia real porque sea la que nos corresponda y poder gozar de una vida plena…
¡Carta blanca al destino!



