
Todos tenemos creencias, pero, personalmente no considero creencias a aquello que me llega a través de la experiencia ajena, eso, más bien serían ejemplos, sino a los hechos que personalmente vivo y he vivido y me transmiten una enseñanza que me resulta válida a lo largo de mi recorrido por este mundo, aunque reconozco que existen vidas ejemplares en toda la historia de la humanidad, personajes (no siempre conocidos) de una importancia imposible de ignorar, a los que admiro y cuyos actos producen en mí esa resonancia interior que me conduce a una reflexión profunda y el encuentro con la posibilidad de lo que podría llegar a ser mi propia experiencia.
A lo que me refiero es a que nunca me dejaría guiar por una doctrina dogmática, sea de la naturaleza que sea, que lo que realmente provoca es la anulación de la capacidad y la libertad de la propia experiencia y por lo tanto de una opinión basada en hechos vividos.
Lo divino o la energía sutil, dios o como cada cual prefiera, aquello que hace que la vida exista, que los seres vivos seamos un conjunto de cuerpo, mente y espíritu y no hablo en términos cartesianos, ya que creo firmemente que somos un todo individualmente, un universo en todos los aspectos de nosotros mismos y a la vez una parte de la totalidad, por poner un nombre a aquello que transciende a lo aparente o lo que se puede percibir con los sentidos, y esa “totalidad/divinidad” no es algo que se pueda buscar en un lugar u otro; no está para que lo encontremos sino para experimentarlo a través de la vida y hacer de esa experiencia nuestra verdad, la de cada cual, coincida o no con las de otros...
Pienso que a la verdad le ocurre lo mismo que a la energía, que ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma… Y dentro de la propia verdad no solamente caben conceptos de tipo espiritual; caben acciones, emociones, sentimientos, pensamientos. Cabe todo aquello que nos define como seres vivos, pero (repito) a través de la experiencia, ya que aquello que somos por definición, nunca llegará a convertirse en cierto (individualmente) si no hay una experiencia que nos lleve a constatarlo porque no existe aquello que desconocemos y lógicamente hablo de existencia en el sentido empírico para poder llegar a ser quienes somos…
A lo que me refiero es a que nunca me dejaría guiar por una doctrina dogmática, sea de la naturaleza que sea, que lo que realmente provoca es la anulación de la capacidad y la libertad de la propia experiencia y por lo tanto de una opinión basada en hechos vividos.
Lo divino o la energía sutil, dios o como cada cual prefiera, aquello que hace que la vida exista, que los seres vivos seamos un conjunto de cuerpo, mente y espíritu y no hablo en términos cartesianos, ya que creo firmemente que somos un todo individualmente, un universo en todos los aspectos de nosotros mismos y a la vez una parte de la totalidad, por poner un nombre a aquello que transciende a lo aparente o lo que se puede percibir con los sentidos, y esa “totalidad/divinidad” no es algo que se pueda buscar en un lugar u otro; no está para que lo encontremos sino para experimentarlo a través de la vida y hacer de esa experiencia nuestra verdad, la de cada cual, coincida o no con las de otros...
Pienso que a la verdad le ocurre lo mismo que a la energía, que ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma… Y dentro de la propia verdad no solamente caben conceptos de tipo espiritual; caben acciones, emociones, sentimientos, pensamientos. Cabe todo aquello que nos define como seres vivos, pero (repito) a través de la experiencia, ya que aquello que somos por definición, nunca llegará a convertirse en cierto (individualmente) si no hay una experiencia que nos lleve a constatarlo porque no existe aquello que desconocemos y lógicamente hablo de existencia en el sentido empírico para poder llegar a ser quienes somos…
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Aunque lo importante es el proceso, el camino, o más bien, los pasos que damos que convierten nuestro universo en eso, precisamente, algo nuestro, permitiéndonos ser quienes somos



