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domingo, 21 de febrero de 2010

Yo y yo...


No sé por qué has salido del baul del olvido, pero lo has hecho precisamente en este momento en el que voy de un lado a otro sin querer echar mano más que de mis propios recursos, que los otros ya tuve oportunidad de conocerlos cuando la fría espada me atravesó en aquella noche oscura que nunca acababa…

He mirado detenidamente tu cara en esta ventana del tiempo y tu mirada me ha parecido un poco perdida, un poco triste, ya entonces, cuando pensabas que tu vida comenzaba con aquella nueva y desconocida promesa… Y ahora me doy cuenta de que la promesa se cumplió punto por punto, que la primera parte de la historia la reescribisteis tal y como era necesario; en tres partes… Después se bifurcaron los caminos y cada cual eligió y preferiste seguir pintando amaneceres, aunque tuvieras que arrancate esa luz del espejo que brilla por dentro

¡Demasiadas preguntas sin respuesta que sé que esperabas encontrar cuando aún pensabas que el tiempo era una realidad, y la vida, la que aún no habías vivido, un libro que se escribía sin esfuerzo, un tesoro escondido… Y me pregunto, ahora, si te habré cuidado lo suficiente, si no te habré abandonado a tu suerte en la oscura memoria del mundo al que nos empujaron.

De nuevo te miro y me miro e instintivamente comienzo a huir, porque casi no siento que seamos la misma con solo la diferencia del tiempo, pero vuelvo y es entonces, cuando abandono todos los prejuicios, las falsas memorias, los espejismos absurdos, es entonces, sí, cuando resbalan las lágrimas de todos los tiempos; lágrimas diferentes, sin dolor, sin remordimientos, de esas que caen sin querer, de las que nunca sabrán otros ojos, de esas que no son ni dulces ni amargas, lágrimas prestadas por el océano de la vida, que nos acercan en este no tiempo desde lo más profundo del existir o del ser.

Me quedo suspendida entre el aquí y el entonces, y ahora sí, ahora si siento que por dentro no hemos cambiado ni tú ni yo, que si el tiempo no nos condenó al olvido, que si la vida no mató este pequeño rastro de esperanza, este fuego que sigue brillando en las pupilas, aún podemos pintar amaneceres...

Aún podemos…

martes, 16 de febrero de 2010

Y uno aprende (Jorge Luis Borges)


Después de un tiempo
Uno aprende la sutil diferencia
Entre sostener una mano
Y encadenar un alma

Y uno aprende
Que el amor no significa acostarse
Y una compañía no significa seguridad
Y uno empieza a aprender…
Que los besos no son contratos
Y que los regalos no son promesas.

Y uno empieza a aceptar sus derrotas
Con la cabeza alta y los ojos abiertos.
Y uno aprende a construir
Todos sus caminos en el hoy,
Porque el terreno de mañana
Es demasiado inseguro para planes…
Y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo
Uno aprende que, si es demasiado,
Hasta el calorcito del sol quema.

Así que uno planta su propio jardin
Y decora su propia alma,
En lugar de esperar a que alguien te traiga flores.

Y uno aprende a que realmente puede aguantar,
Que uno es realmente fuerte,
Que uno realmente vale,
Y uno aprende y aprende.." Jorge Luis Borges
...
Estamos aquí para aprender, y aunque una sola vida, por muchos años que dure, no sea suficiente, si sólo aprendiéramos que lo que se experimenta a través del corazón y se guarda en el alma es el único equipaje que podrá acompañarnos, con eso, sólo con eso, todo tendría sentido.

martes, 29 de diciembre de 2009

Una sola respuesta ...


Después de ver, en el gráfico adjunto, una estadística de la mayoría de las confesiones religiosas existentes en nuestro mundo y de los practicantes de cada una incluidos los agnósticos y ateos, pienso que, dentro de ese gráfico están comprendidos casi todos los habitantes (humanos, por expresarlo de alguna forma) de nuestro planeta.

A mí, contemplando el mundo, me surge una pregunta rápida: ¿De qué sirven las religiones?

Todas y cada una de ellas, al margen de las deidades a las que adoren, predican el amor al prójimo como base de sustentación de las mismas…

¿La práctica real de estas religiones, al margen de la existencia de los dioses que todas ellas defienden como el auténtico, no haría de este mundo un mundo en paz, justo, solidario, equitativo?

¿Es así nuestro mundo?

Vuelvo a hacerme la misma pregunta y sólo encuentro una respuesta

Una sola respuesta…

domingo, 13 de diciembre de 2009

Al fin



Creo que vivimos en un mundo que está en guerra permanente. Hay guerras oficiales, históricas como la de Israel y Palestina, guerras potenciadas con la absurda excusa de “conservar la paz”; guerras entre razas, entre etnias, guerras religiosas, entre “hermanos”, de tipo laboral, entre “amigos”, guerras encubiertas, subterráneas … Todas ellas, creo yo, con el único fin de ostentar, perseguir, conquistar el poder en los diferentes ámbitos para exaltación de egos personales o colectivos, porque la ambición desmedida, sin control, no es más que eso…

Este tipo de actitudes, se refleja claramente en lo cotidiano, ya que por parte de todos los medios de poder, se vierten conceptos competitivos en el peor sentido del término: La guerra por parecer mejor, por ser más moderno, más guapo, por tener más, ser mejor considerado familiar o socialmente y raramente, por ejemplo, a través de los medios de comunicación nos llegan mensajes diferenciando el ser del tener y hasta las confesiones religiosas que predican el altruismo, el amor al prójimo, la generosidad y otros valores muestran, en la práctica, su adhesión a lo establecido o al sistema.

Hay guerras subterráneas dentro de un mundo espiritual, muy en boga, mal llamado de crecimiento, que de espiritual tiene poco y de crecimiento menos, puesto que, afortunadamente no en todos los casos, se compone de teorías que no se reflejan en la vida cotidiana porque de lo contrario el mundo no estaría como está. Guerras por ser (parecer) el más generoso, el más desinteresado: el más de lo más, y para ello se emplean las técnicas más descabelladas, absurdas, inmaduras e infantiles, las más despiadadas; todo ello, eso sí, encubierto de un raro sentido de la justicia, de defensa de derechos que, ateniéndose a lo que se consigue globalmente, ni se sabe cuáles son; al fin, teorías y más teorías, pero que desembocarían en hipotéticos resultados que, según va pasando el tiempo cada vez tardan más en producirse o no llegan nunca.

Y las costumbres se van relajando, permitiendo cosas antes inaceptables con la excusa de una evolución que no mejora lo pasado, ignorando que somos referentes para los que vienen detrás y que se van imponiendo y dando por buenas actitudes que en el fondo cualquier doctrina política, social o religiosa rechazaría por principio en su ideario.

Sí, cada cual elije su mundo, su energía, se mueve por donde quiere moverse (¿?), pero hay demasiadas actitudes institucionalizadas, demasiada mentira encubierta y disfrazada, y sin querer jamás ofender ni personalizar, sin querer que nadie se sienta aludido porque en lo que me estoy basando es en lo que yo percibo, hay dentro de mi una parte, que no me atrevería a calificar como conciencia por miedo a engrosar las filas del sinsentido y el despropósito, que se niega a aceptar muchas de las imposiciones que se califican como libertades…

Y al fin, lo que me va quedando, es la súplica interior, el procurar en la práctica luchar por que desaparezca de mi vida todo aquello que pretenda otra cosa que no sea dar un paseo por la existencia de manera amable, pacífica, haciendo lo posible por conseguir de este mundo un lugar mejor, más agradable, más justo, más equitativo, más bello en la medida que nos sea posible, sin grandes gestas ni actitudes heroicas, sólo formando parte de esa mayoría (que me temo que cada vez lo es menos) más o menos silenciosa, pero a ser posible consciente más allá de lo que se puede percibir, y de esta forma, como decía, sin actitudes que puedan pasar más que a la propia historia a ser posible desconocida en lo externo, poder llegar hasta donde lleguemos.

Eso es lo único que pretendo y desde luego, vivir mi propia vida, que tan propia es, como la de cada cual, y para mí sagrada, y viviendo sólo por vivir como yo entiendo, ocupar mi espacio y dejar lugar para todos, sin invadir, aunque sin levantar fronteras, bueno sí…

Con una única e inamovible premisa, la del respeto propio y ajeno

domingo, 15 de noviembre de 2009

Decálogo de una adolescente


Hoy, limpiando una estantería en la casa de mi madre, tomé en mis manos un libro que no veía hace muchos años; al abrirlo encontré entre sus páginas un papel doblado con un decálogo que a continuación transcribo. Me hizo sonreír y hasta acudieron unas emocionadas lagrimitas a mis ojos...

Lo escribí hace cuarenta años

"Me aburren aquellos que en lugar de opinar decretan, me aburren las frases hechas, las muletillas, el lenguaje complicado, los gestos copiados, las frases grandilocuentes.

Me aburre J. Ángel cuando me dice como cargado de razón ¿Y bien? Y cuando le pregunto que “y bien qué”, me suelta eso de: Cuéntame algo… Pero… ¡Si fuiste tú quien me pediste una cita!

Me aburre tener que hablar porque quien me acompaña (J. A.) no soporte el silencio

Me aburren los que hacen suyas frases y pensamientos que no lo son, sobre todo si fui yo quien se los descubrió

Me aburre lo que entienden casi todos por libertad

Me aburren, me cabrean, me sacan de quicio, todos los que caminan bajo palio visible o invisible…

Me aburren los que me miran las tetas antes de saber cómo son mis ojos y conocer el timbre de mi voz

Me aburren los curas.

Me aburren horriblemente las monjas del cole con sus primeros viernes de mes y las mentiras que no se creen ni ellas mismas.

Me aburre (muchísimo) lo que mis padres esperan de mí."

En fin... jajajaaa. Después de cuarenta años, me siguen aburriendo algunas de estas cosas, aunque otras eran sólo producto de la edad.