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viernes, 15 de octubre de 2010

Aysss...


Hay momentos, a lo largo de la vida, en los que se siente al ego llamar a la puerta del sinsentido y todo gira en torno a nuestra supuesta inocencia con respecto a lo que nos ocurre, principalmente si es motivo de sufrimiento o preocupación.

¿Quién va a tener la culpa sino “otros” de lo que a mí me ocurre? Nos dice la sorda vocecilla de la víctima que hay en cada cual…

Como si los acontecimientos que llegan a nuestra vida los eligiera cualquiera que no fuéramos nosotros mismos, para hundirnos porque sí, por el gusto de fastidiar…

Como si cada cual (salvo excepciones) no tuviera suficiente con su vida, sus problemas y sus propias miserias para andar –además- pensando en la forma de fastidiar al de al lado…

En esos momentos no imaginamos la satisfacción que puede llegar a producir saberse responsable de aciertos y errores, el peso que se aligera en el ánimo al absolver al prójimo de culpas y reconocer las lecciones que a causa de nuestra actuación acertada o no, hemos aprendido a lo largo de nuestro recorrido vital.

Porque la aceptación de esas lecciones es, precisamente, la que nos proporciona dignidad humana pudiendo reconocernos dueños de nuestro destino y por lo tanto de nuestra vida, percibiendo, de esta manera, nuestra libertad de elección y acción y, por añadidura, poder comprender y apreciar al otro, siendo capaces de ponernos en su lugar.

6 comentarios:

aminuscula dijo...

Y lo poco que no depende de nosotros, también tiene su sentido y su lugar. Toda la vida no son mas que pasos, uno tras otro y la respuesta a todo es ser coherente, así seguro que se llega donde se debe. Así, seguro también que se acaba agradeciendo los malos tragos que nos han dado los otros.

Un bessso

P.D. Algo me dice que alguien está escribiendo regularmente por las mañanas.

luz dijo...

Es así, ami... Todo tiene un sentido muy preciso, por lo tanto, la aceptación nos hace libres y dignos y además compasivos y comprensivos con el prójimo.

Besitosss

P.D. jajajaaaa ¿Por?

Anónimo dijo...

Todo sucede porque tiene que suceder...Inshala (si Dios quiere).
Ya te he escrito otras veces que cada cual es el arquitecto de su propia vida y es una frase que me encanta. Todo nos sirve como enseñanza vital.Como dice aminuscula ,acabaremos agradeciendo esos pasos que, con mayor o menor consciencia vamos dando en la vida. Aunque como decía ayer , rememorando a Fray Luis, yo sí creo en los elementos físico químicos que, en ocasiones condicionan nuestras respuestas. Pero aún así, forman parte del todo . Akuna matata....
Abrazos de oso enormes y cálidos de Nanita.

luz dijo...

Creo, también, Nanita, que hasta esa parte de composición físico-química, también obedece a un código preciso, y no hablo de genética, que como sabemos es el casi el 50% de lo que somos, pero puede ser superada, en algunos casos por la voluntad, y de eso sabemos tú y yo...

Por mi parte, sabes bien que a dios le dejo donde le corresponda y yo empujo el carro con toda la fuerza de la que sea capaz en cada momento; si "él" quiere participar, pues bien recibido será.

Besinchos. Be happy

Una mirada... dijo...

Todo existe y/o sucede porque se produce una intervención, ya sea propiamente humana o de los elementos. Una cadena de factores, actuaciones y hasta la falta de estas últimas tiene como consecuencia X; muchas veces, la redirección de los aconteceres se halla en la propia persona; otras, derivan de injerencias casi imposibles de controlar y evitar. En cualquier caso, lo que deviene son vivencias, gratas o no.

Sartre, evidentemente, exageraba señalando que “el infierno son [exclusivamente] los otros”. Porque para la construcción del infierno -o del edén- se necesitan muchas manos, muchas herramientas, muchos albañiles, peones, encofradores… Y, lo elemental, un terreno en el que trabajar. Y ese terreno lo aporta el propio individuo.

Abrazos.

luz dijo...

No iba muy descaminado Sartre, Una mirada, en el sentido de que, cada cual es "el otro" para los otros, con lo cual, existen infiernos propios, ajenos, y circunstanciales, pero es cierto que la forma en que los manejemos cuenta para el resultado.

Un abrazo