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lunes, 5 de enero de 2009

Todo pasa... (cuento sufí)


Este cuento que transcribo a continuación, es un canto a la esperanza, una máxima que alguien me descubrió hace unos años y que acude a mi recuerdo cuando el éxito o el fracaso llegan a mi vida, haciéndome saber que, en cualquier caso, lo único que permanece es la esencia, el Ser; lo demás forma parte de la experiencia que cada cual, de manera ineludible, hemos de vivir y que la única forma de vivirla para no quedarnos en el camino, es siendo conscientes de la enseñanza que contiene... Más allá de las apariencias.

"Un rey dijo a los sabios de la corte: —Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total. Tiene que ser muy pequeño de manera que quepa escondido debajo del diamante del anillo.

Todos ellos eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados. Pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudiera ayudar en momentos de desesperación total... Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que era casi como su padre; también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por él.

El anciano dijo: —No soy un sabio, un erudito, un académico; pero conozco el mensaje, porque sólo hay un mensaje. Y esa gente no te lo puede dar; sólo puede dártelo un místico, un hombre que haya alcanzado la realización. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento por mis servicios, me dio este mensaje —y lo escribió en un papel, lo dobló y se lo dio al rey—.
No lo leas, mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.Y ese momento no tardó en llegar.



El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos le perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Y llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: del otro lado había un precipicio y un profundo valle. Caer por él sería el fin. No podía volver, el enemigo le cerraba el camino y ya podía oír el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante, y no había ningún otro camino...
De repente se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso. Simplemente decía: «Esto también pasará».


Mientras leía «esto también pasará» sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Y aquello pasó. Todas las cosas pasan; nada permanece en este mundo.
Los enemigos que le perseguían se deben haber perdido en el bosque, deben haberse equivocado de camino; poco a poco dejó de oír el trote de los caballos. El rey se sentía tremendamente agradecido al sirviente y al místico desconocido.


Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, lo volvió a poner en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes,... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.

El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo: —Este momento también es adecuado: vuelve a mirar al mensaje. —¿Qué quieres decir? —preguntó el rey—. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida. —Escucha —dijo el anciano—, esto es lo que me dijo el santo: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso; no sólo para cuando eres el último, también para cuando eres el primero.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: «Esto también pasará», y de repente la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que se regocijaba, que celebraba, que bailaba... pero el orgullo, el ego había desaparecido. Todo pasa.

Pidió al anciano sirviente que viniera a su carro y se sentara junto a él. Le preguntó: —¿Hay algo más? Todo pasa... Tu mensaje me ha sido de gran ayuda.—La tercera cosa que dijo el santo es: «Recuerda que todo pasa. Sólo quedas tú; tú permaneces por siempre como testigo».Todo pasa, pero tú permaneces. Tú eres la realidad; todo lo demás sólo es un sueño. Hay sueños muy hermosos, hay pesadillas... pero no importa que se trate de un sueño precioso o de una pesadilla; lo importante es la persona que está viendo el sueño. Ese vidente es la única realidad."

6 comentarios:

Anca Balaj dijo...

Aunque quisiéramos que algunas cosas no pasen nunca... Conocía el cuento, pero sin la parte del final, cuando el mensaje sirve para los otros momentos también. Así es mucho más significativo y un buen freno para el ego.

Un besazo

leoriginaldisaster dijo...

Todo pasa, lo pienso con una sonrisa^^
por suerte todo pasa continuamente, mientras tanto prokuraremos saborearlo...^^
me gusto mucho el cuento luz^^
bien lindo

buen dia!
besitos:)

Anónimo dijo...

Al hilo de la narración me venía a la memoria el poema de Antonio Machado, Cantares ("Todo pasa, todo queda..."), en el que la permanencia es un rastro débil porque las únicas huellas firmes son las del presente.

luz dijo...

Ahí está el secreto, ami:

Como decía Kipling refiriéndose al triunfo y a la derrota "Si a los dos impostores tratas de igual forma"...

Saber que una y otra experiencia forman parte del camino del aprendizaje, sin más, y esto nos permite llegar a nosotros mismos, o a la parte de nosotros mismos que permanece porque es la única verdad de lo que somos.

Un besito, amiga

luz dijo...

Como bien señala el cuento, LEO, si algo tiene la certeza de la temporalidad de la experiencia, es la calma que nos aporta, la consciencia y la seguridad.

Una sonrisa enorme para ti.

Y un besito

luz dijo...

Me encanta ese poema "Una mirada", y si le añadimos música de Serrat, aún más.

Hacer caminos...De los que nos conducen al autoconocimiento, con el paso presente dejando atrás el anterior que nos ha impulsado con solo existir.

En eso estamos...

Un saludo