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sábado, 4 de abril de 2009

El último adiós (parte III)


Los amigos cuyos lazos iban estrechándose con Fernando a medida que el tiempo pasaba, le propusieron hacer un viaje juntos durante aquel verano y a él le ilusionó la idea debido a que la muerte del padre le había sumido en una sensación de vacío de la cual era consciente que sólo el tiempo mitigaría, así que, después de barajar unas cuantas posibilidades decidieron hacer un viaje por Brasil y Argentina, visitar las cataratas de Iguazú por ambos lados, la Patagonia, Tierra del Fuego, y algunos otros lugares interesantes.

Pablo se encargó de todos los preparativos, reservas e información sobre los destinos, vacunas que habían de aplicarse, contacto con oficinas de turismo, agencias, etc., y decidieron para ultimar los mismos que los dos hermanos se alojarían en casa de Fernando unos días antes de partir. Así lo hicieron, de manera que este periodo resultó una especie de anticipación de sus vacaciones, los tres reunidos en la tarde/noche de cada día revisando los planes, preparando mapas, haciendo listas de cosas necesarias. Fernando tuvo que adelantar todo el importe del viaje de los tres ya que, Pablo y maría, esperaban cobrar unas facturas cuyo pago se había retrasado inesperadamente, pero a esas alturas, la confianza de los tres amigos era la suficiente para no sospechar unos de otros.

Partieron de vacaciones con gran ilusión, y por parte de Fernando con la idea de alejarse de todo lo que había constituido ese difícil periodo de los últimos años, y empezar de esta forma una nueva vida; los primeros días fueron muy divertidos, distendidos, de lo más satisfactorio, puesto que Fernando llevaba muchos años sin poder disponer totalmente de su tiempo debido a la circunstancia familiar.

Aproximadamente a mitad del periodo de vacaciones, y habiendo ya agotado las excursiones de interés programadas por la agencia, alguien les habló de contratar un guía del lugar y realizar una ruta por la selva y el río amazonas que se podría encuadrar dentro de la categoría de aventuras, ruta que no recogían las guías oficiales, y adentrarse, ayudados por un experto guía , por lugares en donde disfrutar de la fauna y la flora amazónicas e incluso visitar poblados donde aún vivían tribus que conservaban costumbres ancestrales.

Pablo, que fue el que se enteró de esta posibilidad se lo propuso a su hermana y a él y decidieron que aquello podría ser una aventura añadida pues los días que restaban de vacaciones, estaban destinados a disfrutar del sol de las playas, turismo urbano, fiestas típicas y gastronomía con algunas otras salidas pero todas encaminadas a lo mismo, por lo que enseguida coincidieron en llevar a cabo lo propuesto.

A la mañana siguiente, salieron de madrugada con Manuel, un guía facilitado por un contacto que Pablo tenía dentro del personal del hotel que ya conocía por motivos de trabajo.

Fue entonces cuando Fernando comenzó a notar cosas extrañas y a estar alerta.

Ocurrió la segunda noche de acampada; le despertaron sonidos que no pudo identificar más que como un ir y venir de pasos, susurros, golpes metálicos, pero todo cesó en unos minutos y debido al cansancio acumulado durante la jornada, se quedó de nuevo dormido. A la mañana siguiente preguntó a los hermanos sobre ello, y ambos afirmaron, no haber escuchado nada fuera de lo normal, excepto los sonidos propios de la selva, cosa que le extrañó, pero no le dio mayor importancia, pensando que quizá había mezclado en su mente fases de sueño y vigilia.

Dos noches después, volvió a suceder; un sonido seco, acompañado de gritos velados, lo despertaron y como aquel día pernoctaban en una cabaña, se asomó a la ventana y pudo distinguir varias figuras humanas, alumbradas por antorchas, pero lo que más le extrañó es que todos llevaban fusiles, y mantenían una actitud como amenazadora con Pablo y Manuel que eran quienes hablaban con ellos. Mientras los observaba desde la ventana abierta, alguien percibió su presencia y en segundos, todas las antorchas se apagaron y el silencio invadió de nuevo el espacio, pero era un silencio que Fernando sentía como amenazante.

Hizo intención de salir de la cabaña por si Pablo necesitaba ayuda, y fue éste mismo el que le dijo visiblemente nervioso: “Entra en tu habitación, por lo que más quieras, y no salgas hasta que amanezca; ya te explicaré”. Así lo hizo, y cuando al día siguiente se reunieron para tomar el desayuno y continuar el viaje, Pablo le contó una historia sobre que el guía, Manuel, le había despertado de madrugada debido a algún tipo de búsqueda que estaba haciendo la policía por la zona y, simplemente, les habían hecho algunas preguntas, además de comprobar si su documentación estaba en regla, sin embargo, lo que más le alertó es que el amigo tenía una herida con bastante inflamación en la parte inferior del ojo que justificó diciendo que en la oscuridad de la noche había tropezado y se había golpeado con una rama.

Lo que sucedió horas más tarde hizo que el viaje, hasta aquel momento tan satisfactorio, diera un giro rotundo.

Conducidos por Manuel se adentraban en la selva en busca de un poblado indígena del lugar; la ruta constaba de dos etapas, y más o menos al final de la primera, cuando se encontraban ya cansados y empapados por la lluvia, ya que en Brasil en esa época llueve prácticamente a diario, principalmente por la tarde y noche, de repente fueron rodeados por un grupo de unos ocho hombres armados que, acercándose a Pablo, comenzaron a increparle como si le conocieran y le exigieran algo, Fernando se situó delante de María en actitud protectora, ya que a ella se la veía notablemente asustada y Pablo, ayudado por Manuel que traducía las palabras del que parecía el líder del grupo, hablaba con él y por lo que pudo entender, Pablo aseguraba que pronto le entregaría lo acordado, que lo guardaba en la caja de seguridad del hotel y que cuando acabara el viaje, satisfaría la deuda contraída…

La cuestión es que, María y él mismo, fueron literalmente apresados por ese grupo que a Fernando se le antojó que pudiera tratarse de un comando guerrillero o algo parecido por el aspecto que tenían, con la promesa de Pablo de regresar con Manuel al hotel por el dinero que exigían, mientras ellos permanecerían con el grupo hasta su vuelta aquella misma noche.

Cuando Pablo se lo explicó, bajo la excusa de que este grupo, dedicado a labores de tala de árboles clandestina, controlaba el lugar y exigía el pago de una especie de tasa por hacer turismo por allí, Fernando no daba crédito; intentó convencerle de terminar el viaje allí mismo y que él, si se había comprometido a algo, volviera con Manuel a efectuar el pago y regresar a continuación a España porque la situación se le antojaba verdaderamente peligrosa y sobre todo, incomprensible y fuera de toda lógica.

Fue en ese momento cuando recordó que, al conocer a la pareja, le dijeron que se dedicaban a la importación y exportación de productos que luego se vendían en tiendas muy conocidas en España y otros países de las llamadas de comercio justo, y ahora le venían a la cabeza mil dudas sobre esta supuesta actividad.

Por añadidura, llevaba días extrañado, sospechando de la actitud de Pablo y María, a quien en distintas ocasiones, no ya por el hecho de dormir siempre juntos, que eso le parecía normal, por su vínculo familiar, sino porque les había sorprendido en actitudes poco fraternas al margen de que María, cuando se encontraba a solas con él, tuviera un comportamiento que se podría entender como de continuo coqueteo… (Continuará...)

3 comentarios:

aminuscula dijo...

Argmpfgh!!! Es que nos dejas en un punto que no puede ser!!!!

Feliz finde amiga, y que disfrutes mucho del puente que está al caer. Un besito

Una mirada... dijo...

...y Fernando, inocente cual querube, iniciando el penoso tránsito hacia la confirmación de sus primeras sospechas.

Espero, con muchísimo interés, el desenlace.

leoriginaldisaster dijo...

tiene que continuar ya!!
jeje
ke lindoçes muy entretenido
^^

un gran beso!
y wuen dia^^