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miércoles, 24 de junio de 2009

Una noche la tristeza, se irá sin avisar....


Hoy (ayer) ha sido uno de esos días extraños, por lo poco habitual, aunque lo cotidiano se haya repetido como siempre, sin embargo, quizá haya sido mi forma de percibirlo lo que lo ha hecho diferente y desde luego, especial.

A media mañana alguien le puso una plantita con flores blancas sobre la CPU del ordenador: Absorbe las radiaciones, le dijo, regalándole también una preciosa sonrisa.

Al salir a la calle, terminada la densísima jornada laboral, la luz del incipiente verano la cegó haciéndola entornar los ojos; inmediatamente introdujo la mano en el interior del bolso para sacar las gafas de sol mientras una ráfaga de viento tórrido revolvía su indómito pelo que ella, de manera refleja, echaba hacia atrás continuamente como acariciándolo con la mano derecha…

Respiró hondo mientras levantaba la vista hacia el cielo como para olvidarse de los centenares de coches cuyos motores rugían acompañados del sonido estruendoso de las insistentes bocinas y se colocó los auriculares, pulsando el play del MP3…

Se quedó parada en medio de la avenida olvidando el calor, la luz, el pelo revuelto y los molestos ruidos, todo lo que no tuviera que ver con el maravilloso cielo azul, que majestuoso, se ofrecía solo para que ella lo contemplara en aquel preciso instante…
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…YO AL VERTE SONREIR, SOY EL NIÑO QUE AYER FUI…
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Todo se detuvo en aquel momento, todo lo que no tuviera que ver con volar a través de su mirada hasta alcanzar la estela que como un algodón estirado por manos invisibles cruzaba el cielo de lado a lado, dibujada por el paso de un reactor del tamaño de una hormiga…
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… LA, RA, RA, RA, LA, RA, RA, LA, LA, LA…
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Bajó el volumen del aparato, casi hasta no percibir, prácticamente, la letra de la canción, que, intermitentemente (dependiendo de la intensidad del vuelo de su mirada), resonaba en su oído; con una carrerita algo ridícula, que era todo lo que le permitían los tacones de sus zapatos, cruzó el lateral de la avenida y alcanzó el bulevar central adornado con dos inmensas hileras de acacias centenarias cuyas copas casi se tocaban formando un arco que hacía que la temperatura fuera hasta agradable a diferencia de la sensación ardiente del otro lado de la calle…

… Síiii, mi corazón siempre estará donde esté tu corazón….

… Túuuu, no dejes de jugar, no, pares de soñar….

… Queee, una noche la tristeza se irá sin avisar,

Y al fin- sabrás- lo bello- que- es- vivir…

De pronto, sus pies despegaron del suelo, y sus pasos, a pesar de los tacones, se sucedieron como si levitara, aún impresionada el alma por la belleza de aquel sendero urbano de luces, brillos y sombras que recorría con esa especie de devoción y entrega que sólo puede darse en situaciones extraordinarias.

… Me muero por suplicarte que no te vayas mi vida…
… Me muero por abrazarte y que me abraces tan fuerte
… Palabras que llegan a este pobre corazón,

Voy sintiendo el fuego en mi interior.

Al cabo de unos quinientos metros en los que un bienestar inimaginable por nadie que no fuera ella misma, había embargado todos sus sentidos haciéndola tener una sensación de felicidad difícilmente explicable en aquel entorno, giró a la izquierda abandonando la avenida de las acacias, cruzó por el semáforo hacia el otro lado y antes de llegar al Metro, casi sin saber o más bien pensar en el paso siguiente, se detuvo debajo de un frondoso castaño blanco, a unos cuatro metros de distancia del bordillo, esperando el cambio del semáforo.

… Siempre serás, bienvenido a este lugar… Apagó el Mp3 y lo guardó en el bolso.

Fue entonces cuando percibió que varias personas que se encontraban también esperando a que el “hombrecito verde” apareciera en la acera de enfrente, la imitaron; miró a izquierda y derecha y sin saber cómo ni por qué, tuvo la agradable sensación de ser parte de un conjunto que abarcaba tanto al castaño como a las tres personas que se encontraban debajo de la frondosa copa cuyas hojas casi acariciaban sus cabezas.

Entró en la bonita y espaciosa estación de Metro con nombre de médico y pensó que había mucha menos gente de la que habitualmente percibía como algo molesto en su ir y venir, aunque quizá no fueran menos; lo que ocurría, era que, todos esos desconocidos le parecían agradables por aquella especie de empatía por la que se sentía inundada …

Al llegar a su casa comió un puré frío de vegetales casi sin darse cuenta de lo que hacía, ya que el momento formaba parte de una de esas ocasiones en las que alimentarse, o más bien, acabar con el vacío del estómago, era el único objetivo de la comida. A continuación se sentó en el sofá y cerró los ojos y, en silencio, deseó soñar con la realidad, no sin antes pensar que ésta había sido mejor que cualquier sueño agradable.

Quizá, se dijo en silencio, la hoguera con la que anoche soñé, ha terminado con la monotonía de la que tantas veces reniego sin apreciar esos pequeños detalles que se esconden entre lo cotidiano.

Pensó en una estrofa de la primera canción que escuchó al salir del trabajo:

“Que una noche la tristeza, se irá sin avisar y así sabrás lo bello que es vivir”

6 comentarios:

Una mirada... dijo...

Suele pasar. Un día miramos y...vemos. Descubrimos cada detalle de lo que nos lleva rodeando día a día y lo antaño invisible toma forma, color, aroma...

(Mágica conjunción de unas flores blancas y una sonrisa. A partir de ahí, todo puede ser posible. Incluso mantener aniertos los ojos de la mente.)

Mis afectos.

aminuscula dijo...

Qué bonito! Pues que se vaya despacito esta tristeza y deje ver las cosas hermosas de las que está lleno el mundo y la vida. La mía estos días anda desaparecida, más desaparecida que nunca. Creo que se ha cogido unas merecidas vacaciones.


Muchos besos, amiga

luz dijo...

Sí, así es, Una mirada, como casi todo en este mundo: cuestión de actitud, de querer ver y sobre todo de tener los ojos abiertos a un milagro que ahí está, para quien quiera participar de él.

Un abrazo

luz dijo...

Pues abriremos la puerta para que la tristeza se marche y dé paso a ese "darnos cuenta" que no es más que la alegría de vivir y la consciencia de que, más allá de circunstancias y momentos puntuales, merece la pena elegir aquello que queremos.

Un beso y feliz finde

P.D. que siga desaparecida :)

leoriginaldisaster dijo...

Precioso luz!me ha encantado! enseñas muchisimas cosas con lo que escribes, como que la realidad puede tambien ser lo mas maravilloso.. en un instante.

te aseguro que es un tesoro el poder leerte:)
muak muak
buen dia^^

luz dijo...

Gracias, LEO, todo es recíproco, y como tantas veces digo, el hecho de no desear aquello de lo que carecemos, nos conduce a poder disfrutar de la realidad y principalmente a contemplarla con esa mirada que trasciende a los ojos físicos.

Un besito y feliz sábado