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lunes, 10 de mayo de 2010

Poderosas razones


Hay momentos en la vida, acontecimientos, que marcan un antes y un después. Nada vuelve a ser lo que fue, ni parecido, porque después de vivir determinadas experiencias que nos llevan a límites que nunca habíamos alcanzado, que exigen decisiones drásticas, los caminos se bifurcan y hay que elegir nuevas rutas; simplemente para poder seguir adelante, en un primer momento, para sobrevivir.

Se dejan atrás paisajes y actitudes, situaciones que marcaron el giro. Una nueva forma de vida ha de ser adoptada para poder ser honest@ con un/a mism@, con la propia vida y todos los que forman parte de ella.

Esto puede que no se comprenda, pero es una realidad, un hecho… ¿Se puede considerar evolución? Yo creo que sí, aunque el comienzo de esta nueva vida pueda parecer que ha sido impulsado por acontecimientos que, de no haber existido, no hubieran propiciado el cambio…

Pero existieron…

No, no es fácil dar el primer paso en ese camino inexistente, pero lo que sí es cierto, es que si hacemos oídos sordos a lo que nos llega, perderemos la oportunidad de vivir; no saldremos nunca de esa energía que nos convulsionó y que en ocasiones convirtió aquello que creíamos propio, construido con el esfuerzo de los años, en simples escombros, sin darnos cuenta de que siempre se puede volver a empezar, y si se hace de forma consciente, la base será, esta vez, más sólida, más firme.

Hay trenes que no pueden perderse y menos dejar que pasen sin siquiera hacer el esfuerzo de subirse a ellos.

Ningún destino es despreciable porque detrás de lo que parece casual, se esconden poderosas razones,

6 comentarios:

aminuscula dijo...

Y ninguna evolución se ha producido porque el implicado estaba demasiado bien y a gustito con su presente. La evolución nace siempre de experiencias que no habríamos elegido nunca por nosotros mismos.

Un beso bien grande

luz dijo...

Dicen, querida ami, que todo llega a nuestra vida en el momento justo, cuando lo necesitamos y estamos preparados para ello.

Creo que es así y por lo tanto acepto lo que tengo y no reniego de nada, aún siendo consciente de haber cometido errores.

Besitos

Una mirada... dijo...

Evolución, como bien dices.
Las circunstancias marcan -y de qué manera, en ocasiones- pero esos aparentes cambios que se producen en las personas no son -a mi entender- sino pequeñas esencias que ya estaban en la personalidad, aun cuando se mantuvieran en un plano invisible.
Las percepciones varían conforme se acumulan experiencias dichosas, trágicas y hasta anodinas. Y entonces aflora parte de ese yo invisible que toma las riendas de la Situación.
A veces, emerge del interior con tanta fuerza que uno mismo/una misma se sorprende.

Cuánta luz das, Luz.

luz dijo...

Sin duda, Una mirada, esas esencias a la que aludes son las que emergen -en todos- a través de la experiencia.

Creo que es eso lo que la evolución persigue: el autoconocimiento a un nivel profundo, incluso trascendente; pasar de la parte al todo y terminar comprendiendo en la medida de lo posible.

Creo que vivimos muchas vidas (marcadas por las distintas experiencias) en el periodo de tiempo que existe entre el nacimiento y la muerte; tantas como necesitemos para llegar a ser lo que debamos, y a veces es cierto que, después de experiencias, que por su importancia a nivel personal, marcan etapas importantes en ese periodo, se da esa circunstancia a la que aludes, que un@ mism@ se sorprende, como si se pasara de un estado a otro muy diferente.

Al fin, todo esto es vivir

Gracias por todo. Un beso

Anónimo dijo...

Ya sabes que te entiendo màs allá de lo que dices.!Cuanto crecimiento proporciona el dolor!.
Besos Nanita

luz dijo...

Así es, nanita, y lo que sí es cierto, es que lo que más luz llega a aportarnos es aquello que más dolor produce en el momento de vivirlo y que, con el tiempo, hasta se agradece que determinados sucesos ocurran en nuestra vida por lo que suponen a posteriori.

Besitos