Imagen tomada de Google con todo mi respetojueves, 23 de abril de 2009
R-E-S-P-E-T-O
Imagen tomada de Google con todo mi respetosábado, 11 de abril de 2009
Quizá

He abierto muchas veredas
He navegado en cien mares
Y atracado en cien riberas…(A. Machado)
El tiempo, pasa y no pasa en balde; nos deja residuos de emociones, recuerdos, experiencias, enseñanzas… Quizá el verdadero maestro de nuestra vida sea el propio tiempo, eso tan abstracto, tan esquivo, tan persistente en nuestro camino por muy inexistente que parezca dentro de la eternidad. Eso que no tiene reglas ni está sujeto a medidas lógicas aunque se divida en periodos y se acote para centrarnos de alguna manera, para medir nuestros pasos y situarnos en eso que llamamos ser que puede acercarnos o alejarnos del SER.
Si pienso en dos fechas, por poner un principio y un fin que nunca sería ni una cosa ni otra, me vienen, y no sólo a la memoria, sino al corazón, al alma misma, un sin fin de experiencias, de emociones de vivencias… Todas positivas, quiero creer, todas llenas de vida, al menos…
Pero sigo aquí, en este ahora, siendo, sí, producto de esto que siento por dentro, que mi memoria recuerda, pero al fin, fuera del tiempo, ya que el ahora no es el tiempo, sino el instante esquivo en el que estoy…
En fin, que a uno le puede parecer que está de vuelta de todo pero como los extremos acaban encontrándose, quizá sea sólo el principio.
Quizá esto sea lo único que pueda redimirme…
Principio, final, sentimiento… EL TIEMPO…
sábado, 4 de abril de 2009
El último adiós (parte III)

Pablo se encargó de todos los preparativos, reservas e información sobre los destinos, vacunas que habían de aplicarse, contacto con oficinas de turismo, agencias, etc., y decidieron para ultimar los mismos que los dos hermanos se alojarían en casa de Fernando unos días antes de partir. Así lo hicieron, de manera que este periodo resultó una especie de anticipación de sus vacaciones, los tres reunidos en la tarde/noche de cada día revisando los planes, preparando mapas, haciendo listas de cosas necesarias. Fernando tuvo que adelantar todo el importe del viaje de los tres ya que, Pablo y maría, esperaban cobrar unas facturas cuyo pago se había retrasado inesperadamente, pero a esas alturas, la confianza de los tres amigos era la suficiente para no sospechar unos de otros.
Partieron de vacaciones con gran ilusión, y por parte de Fernando con la idea de alejarse de todo lo que había constituido ese difícil periodo de los últimos años, y empezar de esta forma una nueva vida; los primeros días fueron muy divertidos, distendidos, de lo más satisfactorio, puesto que Fernando llevaba muchos años sin poder disponer totalmente de su tiempo debido a la circunstancia familiar.
Aproximadamente a mitad del periodo de vacaciones, y habiendo ya agotado las excursiones de interés programadas por la agencia, alguien les habló de contratar un guía del lugar y realizar una ruta por la selva y el río amazonas que se podría encuadrar dentro de la categoría de aventuras, ruta que no recogían las guías oficiales, y adentrarse, ayudados por un experto guía , por lugares en donde disfrutar de la fauna y la flora amazónicas e incluso visitar poblados donde aún vivían tribus que conservaban costumbres ancestrales.
Pablo, que fue el que se enteró de esta posibilidad se lo propuso a su hermana y a él y decidieron que aquello podría ser una aventura añadida pues los días que restaban de vacaciones, estaban destinados a disfrutar del sol de las playas, turismo urbano, fiestas típicas y gastronomía con algunas otras salidas pero todas encaminadas a lo mismo, por lo que enseguida coincidieron en llevar a cabo lo propuesto.
A la mañana siguiente, salieron de madrugada con Manuel, un guía facilitado por un contacto que Pablo tenía dentro del personal del hotel que ya conocía por motivos de trabajo.
Fue entonces cuando Fernando comenzó a notar cosas extrañas y a estar alerta.
Ocurrió la segunda noche de acampada; le despertaron sonidos que no pudo identificar más que como un ir y venir de pasos, susurros, golpes metálicos, pero todo cesó en unos minutos y debido al cansancio acumulado durante la jornada, se quedó de nuevo dormido. A la mañana siguiente preguntó a los hermanos sobre ello, y ambos afirmaron, no haber escuchado nada fuera de lo normal, excepto los sonidos propios de la selva, cosa que le extrañó, pero no le dio mayor importancia, pensando que quizá había mezclado en su mente fases de sueño y vigilia.
Dos noches después, volvió a suceder; un sonido seco, acompañado de gritos velados, lo despertaron y como aquel día pernoctaban en una cabaña, se asomó a la ventana y pudo distinguir varias figuras humanas, alumbradas por antorchas, pero lo que más le extrañó es que todos llevaban fusiles, y mantenían una actitud como amenazadora con Pablo y Manuel que eran quienes hablaban con ellos. Mientras los observaba desde la ventana abierta, alguien percibió su presencia y en segundos, todas las antorchas se apagaron y el silencio invadió de nuevo el espacio, pero era un silencio que Fernando sentía como amenazante.
Hizo intención de salir de la cabaña por si Pablo necesitaba ayuda, y fue éste mismo el que le dijo visiblemente nervioso: “Entra en tu habitación, por lo que más quieras, y no salgas hasta que amanezca; ya te explicaré”. Así lo hizo, y cuando al día siguiente se reunieron para tomar el desayuno y continuar el viaje, Pablo le contó una historia sobre que el guía, Manuel, le había despertado de madrugada debido a algún tipo de búsqueda que estaba haciendo la policía por la zona y, simplemente, les habían hecho algunas preguntas, además de comprobar si su documentación estaba en regla, sin embargo, lo que más le alertó es que el amigo tenía una herida con bastante inflamación en la parte inferior del ojo que justificó diciendo que en la oscuridad de la noche había tropezado y se había golpeado con una rama.
Lo que sucedió horas más tarde hizo que el viaje, hasta aquel momento tan satisfactorio, diera un giro rotundo.
Conducidos por Manuel se adentraban en la selva en busca de un poblado indígena del lugar; la ruta constaba de dos etapas, y más o menos al final de la primera, cuando se encontraban ya cansados y empapados por la lluvia, ya que en Brasil en esa época llueve prácticamente a diario, principalmente por la tarde y noche, de repente fueron rodeados por un grupo de unos ocho hombres armados que, acercándose a Pablo, comenzaron a increparle como si le conocieran y le exigieran algo, Fernando se situó delante de María en actitud protectora, ya que a ella se la veía notablemente asustada y Pablo, ayudado por Manuel que traducía las palabras del que parecía el líder del grupo, hablaba con él y por lo que pudo entender, Pablo aseguraba que pronto le entregaría lo acordado, que lo guardaba en la caja de seguridad del hotel y que cuando acabara el viaje, satisfaría la deuda contraída…
La cuestión es que, María y él mismo, fueron literalmente apresados por ese grupo que a Fernando se le antojó que pudiera tratarse de un comando guerrillero o algo parecido por el aspecto que tenían, con la promesa de Pablo de regresar con Manuel al hotel por el dinero que exigían, mientras ellos permanecerían con el grupo hasta su vuelta aquella misma noche.
Cuando Pablo se lo explicó, bajo la excusa de que este grupo, dedicado a labores de tala de árboles clandestina, controlaba el lugar y exigía el pago de una especie de tasa por hacer turismo por allí, Fernando no daba crédito; intentó convencerle de terminar el viaje allí mismo y que él, si se había comprometido a algo, volviera con Manuel a efectuar el pago y regresar a continuación a España porque la situación se le antojaba verdaderamente peligrosa y sobre todo, incomprensible y fuera de toda lógica.
Fue en ese momento cuando recordó que, al conocer a la pareja, le dijeron que se dedicaban a la importación y exportación de productos que luego se vendían en tiendas muy conocidas en España y otros países de las llamadas de comercio justo, y ahora le venían a la cabeza mil dudas sobre esta supuesta actividad.
Por añadidura, llevaba días extrañado, sospechando de la actitud de Pablo y María, a quien en distintas ocasiones, no ya por el hecho de dormir siempre juntos, que eso le parecía normal, por su vínculo familiar, sino porque les había sorprendido en actitudes poco fraternas al margen de que María, cuando se encontraba a solas con él, tuviera un comportamiento que se podría entender como de continuo coqueteo… (Continuará...)
jueves, 26 de marzo de 2009
Paz Interior (Cuento tradicional Indio)
¿Cuál es el motivo?- interrogó el maestro.
Lo ignoro. Por eso estoy aquí, buscando tu sabiduría y consejo.
El maestro quedo pensativo unos instantes y dijo:
Vas a ir ahora mismo al cementerio. Allí te sentarás en medio de las tumbas y pasarás la mañana elevando toda suerte de elogios a los muertos.
El discípulo obedeció y, una vez que hubo cumplido la tarea, regresó.
¿Has hecho lo que te dije?- preguntó el maestro.
Así lo he hecho- respondió el discípulo.
Bien, pues ahora volverás al cementerio y pasarás la tarde vertiendo insultos e injurias a los muertos.
El discípulo volvió a cumplir la orden del maestro.
Llegada la noche, regresó de nuevo.
¿Qué te contestaron los muertos?- preguntó a su vez el maestro:
¿No se mostraron satisfechos y se vanagloriaron con tus alabanzas?, ¿tal vez se volvieron indignados y coléricos con tus insultos?
Pero maestro, eso no es posible. ¿Cómo van a reaccionar si están muertos?
Pues eso es exactamente lo que has de esperar de ti mismo: la ausencia de reacciones, tanto ante las ofensas como ante las alabanzas. Si alguien te insulta y enciende tu cólera, ¿no ves el poder que tiene sobre ti? Si alguien te alaba e inflama tu vanidad, ¿no ves el poder que tiene sobre ti? Tu paz interior la tienes ahora en manos de los demás o en poder de los acontecimientos que te rodean.
martes, 24 de marzo de 2009
El último adíos (parte II)

A los pocos meses del accidente, su padre, que hasta entonces había sido víctima de una terrible depresión por la culpa que le produjo sobrevivir en el accidente que acabó con la vida de su madre, fue diagnosticado de Alzheimer, enfermedad que progresó con muchísima rapidez y que le dejó, en poco más de dos años, postrado en una silla de ruedas y con sus facultades intelectuales tan disminuidas que necesitaba compañía y cuidado continuamente. Él decidió hacerse cargo personalmente, día y noche, y excepto en las horas de la mañana en las que desempeñaba su labor profesional, para lo cual contaba con la ayuda de una buenísima empleada que el destino había puesto en su camino y que realizaba su tarea con una dedicación y cariño dignos de agradecimiento, el resto del tiempo era él quien se ocupaba de esta labor que llevaba a cabo con todo el amor y la admiración que el mejor padre que nadie hubiera podido tener suscitaban en él.
No sólo le cuidaba y atendía a sus necesidades de todo tipo sino que, desde el principio decidió que su relación sería como si la enfermedad no existiera, con lo cual, le leía los periódicos a diario, le llevaba a pasear en las horas en que podía disfrutar del sol, en invierno y del mejor tiempo en verano. Al volver a casa del trabajo le contaba cómo había sido su jornada, le pedía consejo sobre todo aquello que le preocupaba o las decisiones que debía tomar, aunque el padre no estuviera en condiciones de dárselo.
A consecuencia de esto, su vida personal se vio restringida a dos semanas de vacaciones en verano en las que se turnaba con la empleada, y a algún fin de semana de vez en cuando, por lo que, nunca tuvo oportunidad de tener una relación sentimental lo suficientemente estable como para poder plantearse formar una familia. A pesar de esto pudo disfrutar de algunas relaciones de las que, especialmente una, guardaba un gran recuerdo por la generosidad y entrega de la mujer con la que sucedió.
Así era su vida, de la que estaba satisfecho por haber podido llevar a cabo lo que él consideraba más que una obligación, algo que había elegido, cuando María y Pablo, una pareja de hermanos, ambos divorciados, aparecieron en su vida…
Los conoció a través de una de esas redes sociales de internet que tanto proliferan actualmente, en las que entraba para distraerse durante las horas en las que su padre descansaba, ya que, en los últimos años quedó postrado en cama con sus funciones vitales estables, pero prácticamente sin ningún contacto con la realidad externa, y él hizo de aquella habitación soleada y luminosa el refugio de ambos, para, a la vez de acompañar y cuidar al padre, pasar sus horas de ocio. Incluso esta actividad la compartía con su padre, contándole cómo se comunicaba, preguntándole qué le parecía y haciéndole partícipe de sus movimientos por ella.
Tantas veces se sentaba junto a él en la cama con el portátil en sus rodillas para poder enseñarle fotos, mientras le leía los comentarios que hacía y se reía a carcajadas diciéndole: Mira, Fernando (así se llamaba el padre) ¡no me digas que esta chica no está estupenda! A veces, ante la lógica falta de respuesta de Fernando, le miraba con ternura, y mientras acariciaba sus mejillas, le decía: Sé que algo te llega, compañero… Cómo me gusta tenerte a mi lado, imaginar que sientes mi cariño… Y le recordaba momentos felices junto a la madre, en aquellos viajes que tanto habían disfrutado. ¿Te acuerdas cuando fuimos a Estambul, papá? Sí, cuando le compraste a mamá aquellos pendientes con esmeraldas… Y en esos momentos creía ver un brillo especial en la mirada del padre…
Pues bien, a raíz de conocer a la pareja, que ni siquiera recordaba a través de quien habían llegado a contactar con él, ya que los contactos en estas redes sociales se producen a base de invitaciones de personas conocidas, algo cambió en su vida; su horizonte se abrió haciendo crecer sus perspectivas de futuro, incluso sus ilusiones, en muchos aspectos.
Desde el principio descubrió que tenía gran afinidad con ellos, ya que eran personas abiertas, amables, comprometidas socialmente y con ideas sobre el mundo, la vida, la política, similares a las suyas.
Inicialmente, el contacto se limitó a la red, pero después de pasados unos meses y de haber compartido sus situaciones personales, comenzaron a hablar de conocerse personalmente, de quedar algún fin de semana y hacer de su amistad algo más que un contacto virtual.
El fallecimiento del padre se produjo por aquella época y, lógicamente María y Pablo acudieron al funeral como tantos otros amigos, llegando, así la oportunidad de conocerse en persona y continuar con su amistad como algo natural. (Continuará)


